sábado, 24 de agosto de 2013

Paul Celan. Fuga de la muerte (Eduardo Mileo)





       Celan toma una copa. La vida reflejada en el vino es sangre que adormece. La vida no en los sentidos, sino debajo de la piel; no sentida, sino incorporada, absorbida. La vida por ósmosis. Veneno que mata enamorando y que, matando, enamora. Los ojos, los oídos, instrumentos que el alcohol afina, cuerdas sensibles a un fuego que incendia álamos y helechos. Paisajes altos, intrincados; redes de imágenes atrapadas por redes de palabras que no dicen lo que son, sino que son lo que dicen. Digestión. Transfiguración. Hechos que recién son hechos cuando vuelven a ser. Repetición. Tartamudeo. Pero no de la palabra, sino de la imagen. Vómito. Regurgitación. Placeres ácidos. Placeres que han sido. Ni sí ni no. Ni vida ni muerte. Dolor adormecido. Personas que son fantasmas que el humo de los hornos devuelve a su realidad. Sombras: dudas de la luz. El viaje está por comenzar, porque recién ha terminado.
         Celan toma una copa y, a la manera de un chamán, encuentra allí su oráculo. Visiones de un infierno personal que halla su infierno en el espejo del mundo. Se nombra lo que se ve porque se sospecha de los ojos. Se repite porque se sospecha de las palabras. Se vuelve a beber porque se sospecha de la unidad. El que ha sufrido no dejará de acariciar la cabeza de un perro.
         Celan toma una copa. Se recupera de su imagen. Sabe que no le fue dado ser ángel, y trata de no ser demonio. Hombre tan sólo.Tan solo. El resbalón perdido del espejo es el rostro de la madre. Pero la madre arde. Es humo amado el que vuela. Otro cielo. Otro dios el que gobierna. Duele decirlo, pero es necesario que el sacrificio tenga sentido.
         Celan toma una copa. Viaja en los vapores. Gases que adormecen para siempre y son humos que fueron seres queridos que, viajando por el aire, vuelven a respirar. El idioma del oprimido es el idioma del opresor. Celan liberado por el horror, pero encadenado a una lengua que ha desgarrado a su patria. Celan partiendo a Francia para poder escribir en alemán, para inventar una tierra que ha matado a sus hijos. Palabra que regresa de la muerte, transfiguración de un sitio que ha dejado de ser habitable, Celan repite la sentencia de Böll. "No estoy reconciliado con un mundo en el que un ademán puede costar la vida".





DE LOS RUIDOS, como nuestro principio,
del barranco,
donte te me caíste,
vuelvo a sacar
la caja de los juegos -
tú sabes cuál: la invisible
la

inaudible.



EL CORAZON abierto como un pozo
para que ellos instalen sentimiento.

Gran Patria elementos pre-
fabricados.

Hermana de leche,
pala



ELLA peina su pelo como se peina a un muerto:
lleva los años azules bajo la camisa.

Lleva los añicos del mundo en una ristra.
Sabe las palabras, pero sólo sonríe.

Mezcla su sonrisa en la copa de vino:
debes beberla para estar en el mundo.

Tú eres la imagen que le muestran los añicos
cuando se inclina pensativa sobre la vida.




HABLA tú también
habla como el último,
di tu palabra.

Habla --
No separes el No del Sí.
Da a tu palabra también el sentido:
dale las sombras.

Dale bastantes sombras,
dale tantas
como sepas repartirlas en torno a ti entre
medianoche y mediodía y medianoche.

Mira alrededor:
ve, cómo lo viviente deviene entorno.
¡Con la muerte! ¡Lo viviente!
Verdad habla quien sombras habla.

Pero ahora se contrae el lugar donde estás.
¿Adónde ahora, despojado de sombras, adónde?
Sube. Tantea en lo alto.

¡Delgado te vuelves, desconocido, fino!
Fino: un hilo,

del cual quiere descender la estrella:
para nadar debajo, debajo,
donde ella se ve nadar: en el oleaje
de errantes palabras.



SOBRE RASTROS mojados por la lluvia
la acrobática prédica del silencio.

Es como si pudieras oír, como
si todavía te amara.


Versiones de Ela María Fernández Palacios y Jaime Siles


En altamar


París, el barquito, está anclado en el cristal:
así comparto contigo la mesa, bebo en tu honor.
Bebo hasta que te reluce oscuro para ti mi corazón,
hasta que París navega en su lágrima,
hasta que toma rumbo hacia el lejano velo
que nos oculta el mundo donde cada tú es una rama
de la que cuelgo como una hoja suspendida y silente.

Estoy solo, coloco la flor de ceniza
en el vaso lleno de negrura en sazón. Hermana boca,
ni dices una palabra que sobrevive ante las ventanas,
y silente trepa por mí lo que soñé.

Mi florecer se da en la hora marchita

y reservo una resina para un pájaro tardío:
lleva el copo de nieve en su pluma rojo-vida;
el grano de hielo en el pico, atraviesa el verano.



Los cántaros





                                                                                                            Para Klaus Demus



En las largas mesas del tiempo

beben los cántaros de Dios.


Beben hasta el fondo los ojos de los videntes y

los ojos de los ciegos,

los corazones de las sombras imperantes,

la mejilla hundida de la tarde.

Son los más poderosos bebedores:

igual se llevan a la boca lo vacío que lo lleno

y no rebosan de espuma como tú o yo.





De "Amapola y memoria" 1952

Traducción de José Ángel Valente




Negra leche del alba la bebemos al atardecer


la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no
se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la
danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita

Versión de José Ángel Valente




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